Un kayakista sufre una peligrosa infección en una mano durante el primer descenso de un río

Para Chris Korbulic, uno de los kayakistas de expedición en aguas bravas más prominentes del mundo, el primer descenso del río Noeick, en la región costera de la Columbia Británica, empezó como un hallazgo fortuito en Google Earth.

Tras investigar más a fondo, el río acabó convirtiéndose en un proyecto nuevo y más que bienvenido para Korbulic, una aventura con un caudal y unas corrientes muy difíciles de predecir y alimentados por dos glaciares, el War Drum y el Flyes. En 2019, pasó meses imaginando posibles situaciones mientras planificaba el viaje, todo un desafío debido a la práctica inexistencia de información visual y online sobre el caudal y las corrientes que podrían encontrar. Finalmente, la novia de Korbulic le convenció para ir al río a echarle un vistazo.

Fue entonces cuando tuvo lugar la primera de una serie de incidencias que habrían disuadido a cualquiera que no estuviera tan familiarizado con las dificultades que suelen ir de la mano de las expediciones en kayak con la magnitud de la del Noeick.

Mientras recorrían el terreno a pie, gritando, cantando y haciendo ruido por si hubiera osos, justo eso fue lo que se encontraron Korbulic y su novia. Un oso salió de entre los matorrales, identificó a los seres humanos al instante y cargó hacia ellos. Korbulic y su novia rociaron el aire con spray antiosos y empezaron a gritar y a blandir palos. El oso se detuvo, perplejo, y se perdió de nuevo en el bosque.

Temerosa de encontrarse con más osos, la novia de Korbulic decidió regresar. Sin embargo, Korbulic estaba decidido a ver el río con el que llevaba soñando casi un año.

A la espera de una ventana meteorológica

Dos meses más tarde, pese a una feroz tormenta y a la intensa lluvia, Korbulic y sus tres compañeros de kayak estaban esperando a que se presentara la ventana meteorológica que necesitaban. Habían decidido desplazarse hasta el lago de la cabecera en avión en lugar de a pie y, confiando en las previsiones de buen tiempo, llamaron al piloto. Había llegado el momento.

Continuaba cayendo una lluvia torrencial y, cuando el avión aterrizó, Korbulic preguntó al piloto si las condiciones de vuelo habían sido críticas. Lejos de reconfortarle, el piloto se limitó a confirmar que, efectivamente, lo habían sido. Korbulic se preguntó cómo afectarían al descenso por el río unas condiciones meteorológicas tan adversas.

Pero habían llegado a su destino, y Korbulic pudo comprobar que la cabecera del Noeick desprendía la magia que había imaginado durante tantos meses. Sin embargo, el crecimiento de las aguas causado por la lluvia puso en entredicho todos sus planes. Había mucha más agua de la esperada, aunque no era infranqueable.

Así que siguieron adelante.

Una infección y un dispositivo inReach®

El cuarto día de viaje, en plena operación de porteo de varios días para atravesar un peligroso desfiladero donde un glaciar cubría el río antes de una serie de cascadas muy fuertes, un compañero de Korbulic empezó a notar un leve dolor en la mano, cerca de la articulación del pulgar.

“Aquella noche, en el campamento, notamos que su mano estaba empezando a hincharse bastante, así que decidimos que debería descansar un día, mientras el resto nos encargábamos de terminar de portear el material y las embarcaciones”, explicó Korbulic.

El compañero de Korbulic no había sufrido ninguna lesión durante el viaje y, por lo demás, estaba bien, de ahí que el dolor y la hinchazón fueran un misterio para todos. Solo pudieron llegar a la conclusión de que se trataba de una infección persistente de una reciente excursión en kayak en Colombia.

Con la esperanza de que todos los miembros del grupo pudieran continuar el viaje, decidieron descansar un día más en el campamento para ver si la mano mejoraba.

Pero no fue así. Con el paso de las horas, la infección fue a más, y se encontraban en un punto recóndito de la región costera de la Columbia Británica, sin cobertura móvil y a todas luces lejos de cualquier rastro de civilización. El compañero de Korbulic apenas podía ponerse el traje seco, no digamos ya sujetar un remo. Los dedos, la mano y la muñeca estaban tan hinchados que casi no se podían mover.

 “Al ver que el dolor y la hinchazón no solo no remitían, sino que empeoraban, quedó claro que tendría que abandonar para recibir asistencia médica”, explicó Korbulic.

Utilizando la comunicación bidireccional por satélite de los dispositivos inReach , Korbulic y sus compañeros llamaron a sus contactos para pedirles consejo médico. Llegaron a la conclusión que lo mejor sería que el compañero de Korbulic se autoevacuara. Con ayuda de los dispositivos inReach, organizaron la recogida en la carretera más cercana.

“Antes de la expedición al río ya habíamos subido a pie hasta este campamento para dejar una reserva de comida, por lo que ya conocía la ruta y pudo cubrir la distancia fácilmente en un día”, explicó Korbulic.

El compañero de Korbulic utilizó su dispositivo inReach para comunicarse y seguir la ruta que habían realizado con anterioridad. Al final consiguió llegar al hospital, donde empezó el proceso de recuperación. La infección tardaría casi dos semanas en desaparecer, pero, gracias a la agilidad mental del equipo y a los dispositivos inReach, evitaron una verdadera emergencia médica.

El gran final

Si dejamos de lado un encuentro con un oso, un viaje en avión en plena tormenta, una peligrosa infección en la mano y los cambios de planes, Korbulic define el viaje como “demasiado fácil”.

Una vez en el río, no hubo muchas decisiones difíciles, los rápidos eran navegables y los porteos no supusieron grandes dificultades técnicas. Pese a la tormenta y el crecimiento de las aguas al principio, encontraron la ventana meteorológica perfecta y pudieron completar el descenso hasta el océano en cinco días.

Gracias a años de experiencia, meses de planificación, un poco de suerte con el tiempo y los dispositivos inReach a la hora de gestionar la cuasiemergencia, el primer descenso del Noeick cumplió todas las expectativas de Korbulic y sus compañeros.

Pero para Korbulic, todas y cada una de las experiencias en un río —incluso las que terminan siendo demasiado fáciles— son inusuales a su propia manera, y eso es lo que le motiva para seguir buscando el próximo primer descenso.

Si quieres obtener más información sobre los viajes de Korbulic, consulta su cuenta de Instagram.

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